
Por: Tele Figueroa
25 de Junio de 2026
En estos días estuve participando como asesor en unas consultorías sobre un nuevo proyecto que se va a realizar en esta área de Houston, relacionado con un sistema de transportación mixto de autobuses y trenes.
Durante los primeros dos días estuvimos trabajando en la introducción del proyecto, las proyecciones a corto y largo plazo, y la importancia de la seguridad ocupacional (Safety) tanto durante la construcción como cuando comience su operación. Todo muy interesante, aunque mi intención original era simplemente ver e informarme de la dinámica del proyecto, prácticamente sin tener ninguna intervención. Fui invitado porque el encargado de una parte de los trabajos es hijo de un gran amigo mío y me pidió que participara, aunque fuera en las reuniones de planificación. Yo acepté gustosamente, ya que para nada iba a tener que ir al terreno del proyecto; mi viejo amigo, el «tobillo derecho doloroso», no iba a apoyar ni a aprobar semejante andanza.
Y entonces, llegamos al día de la barriguita peligrosa.
El día final lo pasamos con una joven ingeniera civil, muy talentosa y amable. Su charla se convirtió casi en un monólogo, pues su explicación era tan clara que no teníamos mucho que preguntar.
A la hora del almuerzo, nos sentamos tres de nosotros …todos varones… y nuestra amiga expositora, a quien llamaremos Jane Doe. Jane era un poquito llenita de cuerpo y exhibía una pequeña barriguita que hacía pensar a cualquiera que estaba esperando un bebé. En varias ocasiones me vi tentado a preguntarle que para cuándo era el alumbramiento y si ya sabía si sería hembra o varón. Por suerte, algo dentro de mí me dijo: «Tele, hold your horses, que puedes salir trasquilado».
Pero uno de mis colegas no se resistió y le formuló la pregunta que yo había estado madurando.
…Mrs. Doe, ¿ya sabe si es hembra o varón? …le dijo, señalando sutilmente su barriguita.
Mrs. Jane Doe tragó hondo, nos miró a todos en una fracción de segundo y, entre molesta y entristecida, le contestó:
…No, no estoy esperando un bebé. Es que quizás no he llevado la dieta como debe ser y esto…dijo señalando su vientre…es el resultado. Pero gracias por preguntar… algún día será.
Yo, que mido casi seis pies, creo que de la pura vergüenza ajena me reduje a la mitad. Ni siquiera me atreví a mirar a mis colegas. Ella, sumamente educada y con una cortesía envidiable, nos alivió el piso diciendo:
…No se sientan mal, no es la primera vez que alguien me hace la misma pregunta.
El resto de la tarde transcurrió muy bien y con información muy interesante, pero yo, que ni un dedo levanté para preguntar, no dejaba de pensar en lo cerca que estuve de ser el gran “preguntón” del almuerzo.
¡Mucho cuidado con las barriguitas!
Nota de Tele:
“Después de ese almuerzo, mi tobillo me dolió un poquito menos. Creo que fue la adrenalina de casi meterme en el lío más grande del año. Así que ya saben, amigos: si no ven un bebé saliendo, ¡no pregunten por el embarazo! Mejor pregunten por el postre. Atentamente, Tele, el que casi se encoge a tres pies.”
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