
Por: Tele Figueroa
19 de Junio de 2026
No quiero que piensen que me he vuelto un exagerado o, como dicen en buen inglés, que me he puesto demasiado picky. Para nada. Pero hay misterios de la vida cotidiana que merecen ser analizados con lupa, y hoy quiero hablar de uno que seguro les ha pasado más de una vez.
¿Quién de ustedes ha ido a un restaurante y, al apoyar los brazos sobre la mesa, ha sentido que se le quedan literalmente pegados?
Es una sensación incómoda, casi magnética. Uno intenta levantar el brazo con elegancia, pero la mesa ofrece resistencia. Hace unos días, comentando el asunto con mi santa nieta, ella me iluminó con una sabiduría implacable:
—“Foro, eso se debe al paño abombao”.
Y cuánta razón tiene. Si observamos con detenimiento el ecosistema de algunos salones, notaremos que muchos meseros caminan con un paño multiuso que es casi un arma de doble filo. Con el mismo paño limpian la mesa, las sillas, el booth, y quién sabe cuántas superficies más, arrastrando una mezcla indescifrable de humedad y misterio. No sé qué líquido supuestamente “maravilloso” usarán para desinfectar, pero el resultado final es una superficie con memoria táctil.
Al restaurante que originó esta reflexión no lo voy a nombrar por pura cortesía. Sin embargo, curioseando en su página web, descubrí que tienen una sección reservada exclusivamente para quejas y sugerencias. ¿Y saben qué? Ya me decidí. Les voy a regalar un suculento review, sazonado con la verdad del “paño abombao”.
Quiero aclarar, para que nadie se me ofenda, que esto no aplica a todos los restaurantes. Afortunadamente, hay muchos lugares que hacen las cosas como Dios manda, con paños limpios y mesas impecables.
Pero me queda la duda… ¿Les ha pasado a ustedes también, o es que me estoy volviendo demasiado tiquismiquis?
¡Buen provecho… y ojo con dónde apoyan los codos!
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