El arte de envejecer con gracia: cuatro conductas que debemos vigilar

Por: Tele Figueroa

2 de Julio de 2026

Envejecer es un proceso natural, digno e inevitable. Sin embargo, esta etapa también trae consigo ciertas actitudes que pueden resultar incómodas o hacernos lucir mal ante los demás. En la mayoría de las ocasiones, caemos en estos hábitos sin darnos cuenta; en otras, son el reflejo de un entorno descuidado o de un acompañamiento deficiente, una forma silenciosa de expresar insatisfacción. Muchos piensan que estas conductas son inevitables, pero no es así.

Es cierto que la vejez viene acompañada de experiencia, sabiduría y una mirada más profunda sobre la vida. No obstante, también puede traer manías y comportamientos que generan fricciones en la convivencia. Lo curioso es que, por lo general, los amigos y allegados no se atreven a señalarlos. A veces callan por respeto, cariño o temor a herir sentimientos; otras, simplemente por no llevar la contraria o porque se han cansado de escuchar lo mismo. Aun así, el problema sigue ahí, visible para todos.

Por eso, debemos ser nosotros mismos quienes reconozcamos esos deslices. Al mismo tiempo, la familia inmediata debe ser proactiva y ayudar con tacto, haciendo entender que señalar estas fallas no es un ataque a la vejez, sino una oportunidad para mejorar la convivencia, fortalecer los vínculos y vivir esta etapa con mayor dignidad y conciencia.

¿Cuáles son, entonces, cuatro de esas actitudes que más nos hacen deslucir ante los demás?

  • La queja constante: Es de lo más frecuente. Quejarse del clima, de los dolores físicos, de la juventud, de la economía o del eterno «en mis tiempos las cosas eran mejores». Aunque expresar un malestar es válido, la queja permanente desgasta a quienes escuchan y proyecta una imagen de amargura, alejando a los demás a pesar de que esa no sea la intención.
  • El descuido del cuidado personal: Descuidar la higiene, la vestimenta o la salud suele justificarse con los años, pero impacta profundamente en cómo nos perciben. El autocuidado no es vanidad; es una muestra de respeto hacia uno mismo y hacia quienes nos rodean.
  • La repetición infinita de historias: Caer en el hábito de contar la misma anécdota una y otra vez, sin notar que el público ya se la sabe de memoria, genera cansancio y desconexión. En el peor de los casos, hace que perdamos credibilidad e interés ante los que nos rodean.
  • El aislamiento voluntario: El rechazo a salir de casa y el empeño por permanecer encerrados es, según geriatras y terapeutas, una de las conductas más dañinas y comunes. Aquí la familia o los cuidadores tienen la gran responsabilidad de motivar y asistir, aunque sea para dar una vuelta a la manzana o visitar un parque cercano. Además, siempre existen grupos locales con actividades interesantes para compartir el tiempo.

Al final, queda de nuestra parte aplicar esa valentía y sabiduría que otorgan los años para reconocer estas actitudes y, conscientemente, evitarlas.

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