
Por: Tele Figueroa
29 de Mayo de 2026
Introducción.
Existen ocasiones en que uno quisiera expresar uno o varios sentimientos sobre alguien en específico, pero las llamadas “circunstancias” lo impiden. ¿Cuáles son esas circunstancias? Una de ellas, y quizás la más importante en esta época, es que la forma en que lo expreses tiene que tener elementos de alta credibilidad. Los jóvenes de ahora…nuestros hijos, nietos y allegados… no aceptan ni creen explicaciones a medias, o sin argumentos que respalden dicha explicación. Son personas muy distintas a las de nuestra joven época.
Retos y situaciones increibles.
Tengo una santa biznieta y un santo biznieto que obligan a cualquiera a pensar las cosas varias veces antes de hablarles o preguntarles algo. Te oyen, analizan lo que dijiste con la rapidez de Gemini, y te sueltan un “¿por qué esto?” o “¿por qué aquello?” que te dejan frío, o miran al Papá o a la Mamá con una cara de .”que rayos dijo mi abuelo”?. Me encanta hablar con los dos. Me fascina la manera en que te observan cuando les hablas; a su tierna edad, su lenguaje corporal (aka “body language”) te contesta u opina sin necesidad de pronunciar una sola palabra. Yo trato de irme por la misma línea de actitud que ellos trazan y, la mayoría de las veces, puedo decir que lo logro.
La niñez de Tele comparada con la niñez de hoy en día.
En mi niñez, recuerdo con mucha nostalgia cómo cuando le decía a mi madre o a mi padre que se me había caído un diente, ellos me decían: “Junior, vamos a ponerlo debajo de la almohada para que el ratoncito Miguel te traiga un dólar”. Me acostaba con la esperanza de que al ratoncito no se le olvidara el billete. Por la mañana, al despertar, buscaba rápido y ahí estaba el dinero. Me sentía feliz. Tiempos hermosos.
El ratoncito Miguel aquí ha venido muy contento a buscar su diente y dejar $$$.
Sin embargo, a uno de mis nietos…o creo que fue a una de mis nietas… cuando se le cayó su primer diente y sus padres le dijeron que lo colocara debajo de la almohada, lo que sucedió fue que salió llorando. Dijo que no se iba a acostar en su cama porque le tenía un miedo terrible a los ratones. De inmediato preguntó de dónde obtenía el dinero el ratoncito, cómo se subía a la cama a colocarlo y, para colmo, quién le informaba al ratón que precisamente era a él o a ella a quien se le había caído el diente. ¡Ya ven! Una época la mía y otra la de mis nietos… increíble. Yo no hacía preguntas, y ellos nos hacen un interrogatorio tipo “The Lincoln Lawyer” ó “Perry Mason”.
Los Padres de hoy en día.
Por otro lado, los padres de ahora se fijan mucho en cómo uno, el abuelo, comparte o trata a un nieto o nieta en particular. Lo que ellos no conocen todavía es la maravillosa emoción que sentimos los abuelos cuando nos encontramos con uno de ellos, nos piden la bendición y nos dan un abrazo seguido de un largo beso. Eso no tiene precio ni manera de explicarse. Y no miento: me pasa con cualquiera de mis nueve nietos. Algo que también me hace sentir muy orgulloso es cuando me hacen una pregunta difícil de contestar, y ver la alegría y el agradecimiento que demuestran cuando les das esa explicación de abuelo. Tampoco tiene precio.
Alguien duda que yo quiera a todos mis nietos igual?
Para terminar, si alguno de mis hijos ha llegado a pensar que quiero a uno más que a otro, se equivocan totalmente. Es probable, y en mi situación actual es así, que comparta más con unos que con otros. Pues sí… les demuestro amor y cariño, pero nunca lo he hecho pensando en el “qué dirán los nietos de allá o los nietos de acá”. Lo hago sabiendo que es mi misión de abuelo, y con la certeza de que ellos me quieren y yo los quiero de igual forma.
Cuan orgulloso me siento de todos y cada uno de éllos!
¡Qué orgulloso estoy de todos ellos por sus triunfos profesionales y académicos! Tengo tres campeones que han logrado algo excepcional en su vida de estudios junto a su padre; otros se destacan en los negocios y otra en el área de la medicina. Todos, y no quiero que se me quede ninguno, han trabajado y triunfado de forma increíble. Son verdaderos guerreros.
Su tiempo les llegará y veran y dirán, “Papi tenía razón”.
Mis hijos van a ver, cuando tengan sus propios nietos, de qué les estoy hablando… ¿verdad, Elvita?
Los quiero a todos, y estén seguros de que mi amor no va a disminuir; al contrario, sigue creciendo día tras día.
PD. Esta crónica era mucho más extensa, pero la reduje a un tamaño, diríamos, cómodo de leer, de modo que mis queridos lectores, no se cansen.
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