
Por: Tele Figueroa
25 de Mayo 2026
Boris Claudio “Lalo” Schifrin nació en Buenos Aires en 1932. Su padre era el primer violín de la orquesta del Teatro Colón, así que creció rodeado de música clásica. Sin embargo, el joven Lalo se enamoró del jazz moderno.
En los años 50 se fue a París a estudiar con el célebre compositor Olivier Messiaen, y por las noches tocaba el piano en los clubes de jazz de la ciudad. Al regresar a Argentina, formó su propia ‘big band’. Fue ahí donde el famoso trompetista Dizzy Gillespie lo escuchó tocar en 1956. Gillespie quedó tan impresionado que le dijo: “Si vienes a Nueva York, tienes trabajo en mi banda”. Lalo no lo pensó dos veces; se mudó a Estados Unidos y se convirtió en el pianista y arreglista de Gillespie, absorbiendo toda la riqueza del jazz afrocubano.
La era dorada: Su historia a través de sus bandas sonoras
En la década de 1960, Hollywood buscaba un sonido más moderno, urbano y tenso. Schifrin llegó en el momento perfecto para revolucionar las pantallas con su estilo único.
The Cincinnati Kid (1965)

1965
Uno de sus primeros grandes éxitos en el cine, protagonizado por Steve McQueen. Schifrin mezcla blues y jazz tradicional para capturar el ambiente tenso de las partidas de póker en Nueva Orleans. El tema principal, cantado por el gran Ray Charles, es una joya nostálgica.
Misión: Imposible (La serie de televisión)

1966
Aquí es donde Schifrin asegura su inmortalidad. Cuando le pidieron el tema para esta serie de espías, decidió escribirlo en un tiempo musical de 5/4 ($5$ tiempos por compás, en lugar del clásico $4/4$ del pop o el rock). Los ejecutivos temían que la gente no pudiera bailarlo, a lo que Lalo respondió con humor: “Es para gente que tiene tres piernas”. El ritmo imita el pulso de un código Morse y el encendido de una mecha. Se convirtió en uno de los temas más famosos de la historia humana.

Cool Hand Luke (La leyenda del indomable)

1967
Para esta película de Paul Newman en una prisión del sur, Schifrin demostró su versatilidad al incorporar elementos del folk sureño, usando la guitarra acústica y el banjo para reflejar la melancolía y el espíritu inquebrantable del protagonista. Curiosamente, una sección rítmica de esta banda sonora se usó durante décadas como sintonía de los informativos de televisión en EE. UU. (el famoso “Tar Sequence”).
Bullitt

1968
De nuevo con Steve McQueen, en una película que redefinió las escenas de persecución de autos. Schifrin compone una banda sonora puramente de jazz fusión y funk, fría, sofisticada y peligrosa. La música no suena durante la famosa persecución por San Francisco (una decisión brillante de dejar solo los motores), pero prepara la tensión en las escenas previas como nadie más podría haberlo hecho.
Dirty Harry (Harry el Sucio)

1971
Para el clásico de Clint Eastwood, Schifrin se alejó de las orquestas tradicionales. Utilizó líneas de bajo psicodélicas, guitarras con distorsión y voces distantes casi fantasmales para meterse en la mente del asesino “Scorpio” y el ambiente crudo del San Francisco de los 70. Una obra maestra del suspense urbano.
Enter the Dragon (Operación Dragón)

1973
La obra cumbre de Bruce Lee necesitaba una música a la altura. Schifrin unió la fuerza de la sección de metales del jazz, un ritmo funk demoledor e instrumentación tradicional asiática. El resultado fue un tema electrizante que definió el sonido de las películas de artes marciales para siempre.
¿Qué pasó con la banda sonora que Lalo Schifrin compuso para la película El Exorcista y por qué fue rechazada por el director?

La historia de Lalo Schifrin con la película El Exorcista (1973) es uno de los episodios más famosos, polémicos y dolorosos de la historia de Hollywood. Fue una combinación de un malentendido masivo, un director con un carácter explosivo y una música que resultó ser, literalmente, demasiado terrorífica.
Aquí tienes la crónica de lo que pasó, ideal para contarle a tu grupo, porque tiene la tensión de una película de suspense.
El encargo: Crear el sonido del mismísimo demonio
En 1973, el director William Friedkin estaba rodando la que pretendía ser la película más aterradora de todos los tiempos. Para la música, contrató a Lalo Schifrin, que ya era el compositor estrella de la Warner Bros.
Friedkin le dio una indicación muy clara (o eso creía Schifrin): quería una música experimental, disonante, que jugara con la psicología del espectador y que no sonara a la típica película de monstruos. Schifrin, que tenía una sólida formación en música de vanguardia gracias a sus estudios en París, se puso a trabajar y compuso una partitura absolutamente genial, pero increíblemente densa, oscura y perturbadora. Utilizó texturas orquestales complejas, sonidos de campanas tubulares distorsionadas y ritmos asimétricos que generaban una ansiedad insoportable.
El incidente del tráiler: Pánico en el cine
El problema no empezó con la película, sino con el primer avance (tráiler) cinematográfico. La Warner Bros. armó un montaje de imágenes parpadeantes en blanco y negro del demonio Pazuzu y la niña poseída, y le puso de fondo la música que Schifrin estaba componiendo.
Cuando proyectaron ese avance en los cines, el resultado fue catastrófico para el público, pero por las razones equivocadas:
- La combinación de las imágenes parpadeantes y la música desquiciante de Schifrin hizo que la gente entrara en pánico real.
- Hubo reportes de espectadores que salieron corriendo al baño a vomitar, personas que sufrieron ataques de ansiedad en las salas y desmayos.
- Ante las quejas, los ejecutivos del estudio se asustaron y le exigieron a Schifrin que suavizara la música para el resto de la película porque “la combinación iba a matar a la audiencia”.
La furia del director y el rechazo final
William Friedkin, el director, ya venía lidiando con un rodaje muy estresante y un presupuesto que se disparaba. Cuando escuchó que el estudio quería cambiar la dirección musical, y al ver que Schifrin (presionado por Warner) intentaba hacer algo un poco más sutil, Friedkin estalló en ira.
El propio Schifrin relató años después lo que pasó en el estudio de grabación:
“Friedkin no me dijo nada a mí directamente. Fue a la cabina de sonido, tomó las cintas de mi música y las lanzó literalmente por la ventana del estudio hacia el estacionamiento. Luego llamó al presidente de Warner Bros. a los gritos diciendo que esa música no servía”.
Friedkin argumentó que la música de Schifrin era “demasiado pesada”, que parecía música para una película de persecuciones y que “anunciaba” los sustos en lugar de dejar que el terror fuera sutil. Schifrin, por su parte, defendió siempre que él solo había seguido las instrucciones originales del propio director y que la presión del estudio arruinó la colaboración.
El nacimiento de un clásico por accidente
Tras despedir a Schifrin, Friedkin se quedó sin compositor a pocas semanas del estreno. Desesperado, se fue a los archivos de música de la discográfica Warner y empezó a escuchar discos de compositores modernos.
Ahí encontró un álbum de un joven músico británico de rock progresivo llamado Mike Oldfield. El disco se llamaba Tubular Bells. Friedkin escuchó los primeros dos minutos del tema, una melodía de piano repetitiva, fría y minimalista, y supo que era el sonido perfecto. La colocó en la película y, de la noche a la mañana, transformó una obra de rock en el himno del terror más famoso del cine.
¿Qué pasó con la música de Lalo?
Schifrin quedó muy afectado por el trato recibido, siendo uno de los pocos tragos amargos de su impecable carrera. Sin embargo, el tiempo le dio la razón a su talento.
Años más tarde, Lalo recuperó la partitura original que Friedkin había tirado por la ventana, la pulió y la editó en un disco titulado “The Exorcist: The Unused Score” (La partitura no utilizada de El Exorcista). Hoy en día, los críticos de música de cine consideran que la obra de Schifrin era una obra maestra del terror abstracto, adelantada a su época, que simplemente fue víctima de los nervios de un estudio y el temperamento de un director de los años 70.
El secreto de su sonido: ¿Por qué era tan diferente?
Quiero explicar este detalle de forma sencilla: Schifrin introdujo la sección de ritmo del jazz (batería con síncopa, bajos muy marcados, piano eléctrico) donde antes solo se usaban violines dramáticos. Sabía cómo generar tensión psicológica usando el silencio y la disonancia, guardando los estallidos de la orquesta solo para los momentos de máxima acción.
Aunque Lalo Schifrin es mundialmente famoso por el jazz sofisticado de Bullitt o la acción trepidante de Misión: Imposible, el género del suspense y el terror fue una constante en su carrera. Tras el amargo trago de El Exorcista, Schifrin demostró a la industria que era un maestro absoluto de la tensión psicológica.
Un dato curioso para el cierre: A lo largo de su carrera, Lalo recibió 6 nominaciones al Óscar y ganó 4 premios Grammy. En 2018, la Academia de Hollywood finalmente le hizo justicia otorgándole el Óscar Honorífico por su inmensa trayectoria.
Lalo Schifrien falleció en el 2025, a los 93 años de edad, su música sigue viva cada vez que una nueva película de Misión: Imposible llega a los cines o cuando un melómano pone un disco de jazz de los sesenta. Un orgullo latinoamericano que conquistó la meca del cine a fuerza de talento, piano y síncopa.
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