Por: Tele Figueroa
14 de Abril de 2026

Louis Armstrong usaba un paño blanco para tapar el teclado de su trompeta para que sus acordes y trucos no fuesen vistos por otros trompetistas.
En ocasiones y cuando se dirigía a un show y había multitud, le colocaban un protector en los labios que era su más preciado acompañante de la trompeta por si la multitud le hacía daño.

Ella Fitzgerald la veíamos en casi todos sus presentaciones con un pañuelo grande. Lo usaba para secarse el sudor de la frente, pues perspiraba mucho.

Gilberto Monroig se dice que no subía a cantar si no llevaba un cigarrillo en su mano.

Lucy Fabery; en su estilo único del filin, le impartía a la canción al final de alguna de las estrofas un tono agudo, alto, como un “gallito” ( así le decimos en PR), parecido al que usa Shakira.

Johnny Ventura no cantaba un merengue si no le ponía una nota aguda en la melodía que sonaba como (“augh).

Quizás el más iconico lo era Daniel Santos (El inquieto Anacobero). Daniel tenía como parte integral de su estilo añadirle sutilmente una letra (“O”) a aquellas estrofas que terminaban en la letra “A”. Por ejemplo, si la palabras era “mi casa” parecía que decía mi ”casao”; si era “mi amada, sonaba como “mi amada o”.
Mucha gente, entre ellos, yo, teníamos mucho miedo cuando cantaba la canción “Despedida” en su ultima estrofa, que leía así, “ yo vengo y no encuentro a mi “mamá”.
Creo que ahí Daniel se cuidaba o lo cuidaban.
Aquí te traigo otros “rituales” y curiosidades de grandes artistas, algunos muy en la línea de los que ya mencioné.
El misticismo y las cábalas

- Frank Sinatra: Tenía una obsesión con el orden y la limpieza, pero su ritual sagrado era mezclar su propio trago: dos dedos de whiskey Jack Daniel’s, cuatro cubos de hielo y un chorrito de agua. Nunca lo aceptaba si se lo servía otra persona; tenía que ser “a su manera” para que la voz fluyera.

- Celia Cruz: Su grito de “¡Azúcar!” no empezó como un eslogan publicitario. Cuentan que surgió en un restaurante de Miami cuando el mesero le preguntó si quería café con azúcar. Ella respondió: “¡Chico, pero si soy cubana! ¡Azúcar!”. Le gustó tanto la energía de la palabra que la convirtió en su amuleto antes de empezar cualquier mofongo musical.
Los “tics” vocales y físicos

- Nat King Cole: Al igual que Monroig, Nat era un fumador empedernido (irónicamente, fumaba para mantener ese tono aterciopelado y grave que tanto nos gusta). Su ritual era fumar varios cigarrillos seguidos justo antes de grabar para “ensuciar” un poco la voz y que no sonara demasiado limpia.
- Robert Plant (Led Zeppelin): Tenía la costumbre de plancharse el pelo antes de cada concierto. No permitía que nadie más lo hiciera. Ese ritual de vanidad le servía para concentrarse y entrar en el personaje de “Dios del Rock”.
Manías de escenario
- Leonard Cohen: Antes de salir a escena, él y su banda se reunían y recitaban una frase en latín: “Pauper sum ego, nihil habeo” (Soy pobre, no tengo nada). Era su forma de vaciar el ego para que solo quedara la música.

- Luciano Pavarotti: El gran tenor era supersticioso al extremo. No subía al escenario si no encontraba un clavo doblado en las tablas del teatro. Se dice que a veces los asistentes tenían que esconder uno a propósito para que él lo “encontrara” y pudiera cantar tranquilo.
Otro detalle para esta narrativa.
Ya que mencioné lo de Daniel Santos y su “O” al final de las palabras, hay otro curioso en el bolero: Felipe Pirela. “El Bolerista de América” tenía el tic de alargar las consonantes finales, especialmente la “S”, dándole un aire de susurro constante que volvía locas a las audiencias, casi como si te estuviera contando un secreto al oído en medio de la orquesta.
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