Por: Tele Figueroa
11 de Abril de 2026

Buenas (Días, Tardes o Noches)!
El haberme retirado y trasladado fuera de mi entorno cotidiano me ha regalado algo invaluable: tiempo. Tiempo para meditar y analizar situaciones de mi familia inmediata que antes, con el ajetreo del día a día, no lograba ver con la claridad que las veo hoy. Tener menos preocupaciones me ha permitido visualizarlas, palparlas y, sobre todo, vivirlas.
Nadie debe llamarse a engaño: residir en los Estados Unidos no es tarea fácil. Aquí el dinero no está tirado en el piso ni las oportunidades tocan solas a la puerta. Si uno no entiende que buscar trabajo es, en sí mismo, un trabajo a tiempo completo, te estancas y la vida se te hace “de cuadritos”. Este consejo lo doy de gratis, porque es uno de los escollos más grandes para quien viene a estos lares, y mis hijos no fueron la excepción.
Pero de esas situaciones, la que más me llena de orgullo es ver cómo han madurado individual y profesionalmente. Sus historias son impresionantes; demuestran una valentía y un arrojo (por no decir otra palabra más fuerte) admirables.
Son tres: Elvia, Juan Carlos e Iris. Aunque crecieron juntos, tienen caracteres muy diferentes, y cada uno es una historia de superación maravillosa:

• Elvia: Es increíble escuchar cómo te has movido para sacudirte el estigma de que “este trabajo es solo para hombres”. Has luchado de forma estupenda para mantener una familia súper unida y un éxito profesional envidiable. Dios Todopoderoso, hizo un ajuste preciso de ubicación cómo El nada más sabe hacer y te envió cerquita de tu hogar, con los tuyos. Oye, y que me dices de ese nuevo titulo de “Abuela”. Ahora al ladito de éllos. Que felicidad! y que ¡Maravilloso!

• Juan Carlos: Eres un campeón. Te echaste al hombro una tarea monumental, una obra de años. Hoy disfrutas el resultado de esa entrega al ver a tus tres “estrellas” en la cima, justo donde luchaste para que estuvieran. Lo lograste, Juanqui, lo lograste. (Y sí, ya lo sé… falta uno, pero dale “chance”, que ese chico ya llegó también).

• Iris: Ay, Iris… ¡cómo has luchado! O mejor dicho, ¡cómo hemos luchado! Esta historia tiene tanta emotividad que los más allegados saben bien de qué hablo. Lloro de felicidad al recordar esos primeros días. También ha sido impresionante como has crecido profesionalmente. Eso no llega en un sobre de “Amazon”, no —hay que ganárselo y con mucho sacrificio. Me siento súper-orgulloso cada vez que alguien relacionado directamente a tus tareas, me dice, “ Don Tele, su hija nos ha facilitado nuestro trabajo grandemente. Y otro detalle que me alegra de sobremanera es cuando estoy sentado en mi sillón reclinable y me sorprende uno de estos angelitos con un beso y un susurro al oído: “I love you, Papa”. Eso es vida. Gracias, Papá Dios.
Lo que más me infla el pecho es ver cómo mis tres valientes retoños han modulado sus vidas. Cada uno tiene su propio camino, pero todos comparten el mismo patrón: “Pa’trás ni pa’ coger impulso”.
Han tenido sus altibajos, pero siempre los escucho decir: “Papi, yo no me rindo”. A veces me lo dicen con algunos “sinónimos” en francés o pakistaní (creo yo), pero el mensaje es claro: sus metas se alcanzan tarde o temprano.
Los veo hoy como un ejemplo a seguir: auténticos, trabajadores y orgullosos de sus logros. Sé que vendrán muchos más, porque han sabido seleccionar metas acorde a sus capacidades y luego las han rebasado con optimismo.
Disfruten sus recompensas, pues son el fruto de su propio esfuerzo. Cuenten siempre conmigo de forma incondicional. ¡Felicidades por esos logros tan merecidos y que Dios los bendiga!
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