La Música, Ponce High School,y el Arte de Mandar pal “Get Lost”

Por: Tele Figueroa

3 de Abril de 2026

Soy un amante casi incondicional de la música. Desde pequeño he sido un oyente atento y un catador de sonidos. Siempre me sorprendió la calma y el placer que me brindaba; esa sigue siendo la razón por la que me siento tan pleno cuando la escucho. En relatos anteriores, mencioné cómo mi hermano mayor, Wil (QDEP), me influenció no solo a escucharla, sino a ir más allá: a conocer el trasfondo de cada joya musical, el autor, el motivo de la composición y quién era el mejor intérprete para cada pieza.

Un dato curioso es mi marcada preferencia por las voces femeninas, aunque, por supuesto, disfruto plenamente de muchos intérpretes y grupos masculinos. Quizás la chispa definitiva se encendió en esos “Pubs”, generalmente en Nueva York, donde me perdía escuchando magníficas interpretaciones de baladas, blues, jazz, classic rock y country. Aunque apenas tenía 17 o 18 años, a veces me permitían entrar acompañado de un adulto. Ese tipo de espectáculos no se veía en mi Puerto Rico de entonces, salvo en los exclusivos clubes de los grandes hoteles, que costaban una fortuna. Y aunque no soy rico en dinero, soy millonario en familia y amigos.

Mientras preparaba este escrito, recordé cómo solía responder a las preguntas de mis amigos más cercanos sobre mis gustos. Siempre me aseguré de que me entendieran, usando la riqueza de nuestro idioma español. Todos sabemos que, entre gente de confianza, un “vete pal carajo” puede ser desde un insulto hasta un “no te creo” o un “¡qué increíble!”, dependiendo del giro de la conversación.

Esa fue la herramienta que utilicé, aunque hice una leve variación, cuando mis amigos de la escuela superior, “Ponce HighSchool”, comenzaron con el interrogatorio:… “Oye, Tele, ¿pero tú eres gringo o boricua?” … “¿Tan rápido dejaste de querer nuestra música? Eso son ‘parejerías’ tuyas, vuelve a la realidad”…. “¿Has ido dos veces a Nueva York y ya se te olvidó el español?”.

En aquel entonces, con apenas 19 o 20 años, defendía mis gustos con uñas y dientes. Les explicaba mis razones una y otra vez, pero sentía que no lograba convencerlos. Aunque sé que un par de ellos lo entendieron a la primera, el resto seguía insistiendo. Aprovechando un desliz cuando las preguntas se tornaron demasiado personales, decidí cambiar la estrategia.

… “Mis amigos”, les dije con calma, “he tratado de aclarar sus dudas con sinceridad, pero veo que siguen insistiendo. Ahora tengo una pregunta para ustedes y quiero que me contesten sin rodeos: ¿Qué les importa a ustedes eso?“.

Se hizo un silencio sepulcral. Se miraron entre ellos hasta que uno balbuceó: … “Tele, pero no era para que te enojaras…”. “Era solo una broma”.

Por un segundo pensé que me había excedido, que quedaría fuera del grupo y que perdería amistades de años por decir mi verdad sin filtros. Pero no retrocedí. …”Ah… ¿entonces todo era una broma de ustedes?”, pregunté. … “Sí, chico, eran bromas”, contestaron casi todos.

Ahí solté la estocada final: … “Pues si lo de ustedes era broma y mi explicación no les bastó, entonces la mandada ‘pal carajo’ que les di y el ‘eso no les importa’ no es ninguna broma mía, ni mucho menos una mentira. Ahora resulta que lo que les dije es más real que antes”.

Para mi sorpresa, sus miradas nunca dejaron de estar fijas en mi. Hubo unas sonrisas de aceptación y uno de ellos intentó decir, “Tele, mis excusas”, pero los detuve y les dije, “no, ningunas excusas”…ustedes han sido mucho mas que amigos, mis hermanos, mis confidentes, mi paño de lágrimas. Yo creo que con esto nos damos todos una lección y yo aprendí mucho más que ustedes”, y saben porqué?, porque de esta forma, reprendiéndonos nosotros mismos, estaremos más unidos. Con otras personas o en otros grupos, les aseguro que iba a ser muy diferente. (Tengo que admitir que mis palabras, a esa edad, no fueron similares a las que les acabo de narrar; es obvio, pero llevaban el mismo mensaje, mucho más simple).

Caso cerrado.

No sé si a esa edad debí haber usado otro “approach”, pero siempre he creído que las cosas a tiempo tienen remedio. Desde ese día, gané un respeto renovado. Demostré quién era y cuán sincero podía ser. Creo que esa tarde entendieron que en Tele se podía confiar, porque no andaba con rodeos ni paños tibios. Las cosas serias, hay que tratarlas así mismo…serias. Las bromas hay que tratarlas con pinzas. A veces el quedarte serio te beneficia más que reirte o mofarte. Otras, pues riete…goza la vida, sé parte integra de tu grupo.


PD: Si eso me pasara ahora, serían muy pocos los botones que tendría que reajustar. Posiblemente un “fine-tune” o un “Zero beat” de pocos ciclos, como decimos en radio. Tendría más filtros de RF instalados y revisaría con frecuencia la MUF (Máxima Frecuencia Utilizable) antes de transmitir. ¡Ah! Y por supuesto, siempre vigilando que el SWR no se me dispare. 😂😂😂

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