Por: Tele Figueroa
Nací en 1942, y para mediados de la década de los 50, mis veranos tenían un destino fijo: Nueva York. En aquel entonces, entre mis 12 y 17 años, regresar a mi casa en el Barrio Machuelo de Ponce significaba traer la maleta llena de trofeos de la “Gran Manzana”.
Los Recuerdos de Cristal y Metal
Recuerdo especialmente dos esferas de nieve. Eran pesadas, de cristal auténtico y con bases de un metal oscuro y sólido. Dentro, la Estatua de la Libertad esperaba a que yo agitara su mundo para que una tormenta de nieve blanca cayera sobre ella. También atesoraba una réplica en miniatura del Rockefeller Center, de un tono cobrizo, que incluía hasta el más mínimo detalle de la pista de pat

Esas piezas me acompañaron hasta el día de mi boda; luego, en el torbellino de las mudanzas, desaparecieron. Probablemente terminaron en el vertedero municipal, tratadas como simples “chucherías” de turista. Lo que nunca sospeché es que hoy, esas piezas originales de los años 50 se han convertido en rarezas de colección, con precios que rondan entre los $60 y los $250 dependiendo de su estado. ***
El Estilo “Brando” de Canal Street
Pero el recuerdo más vivo es el de Canal Street. En aquellas tiendas interminables cerca del puente de Brooklyn, mi hermano y yo compramos una chaqueta de cuero legítimo. El vendedor decía que era un “modelo de bicicleta” (seguramente una Harley-Davidson Cycle Champ de piel de caballo). Era pesadísima, una verdadera armadura. Cuando me la ponía, me sentía como el mismísimo Marlon Brando.


Lamentablemente, la humedad de Puerto Rico no perdona. Un día, tras poco uso, amaneció cubierta de un hongo verde y blanco. Con todo el dolor de mi alma, tuvo que irse a la basura. Hoy, el arrepentimiento tiene cifra: los precios actuales de dichas chaquetas originales de los años 50 rondan desde los $900 hasta los $4,500 en sitios de subastas. ¡Quién me iba a decir que aquel “estorbo” en el armario terminaría siendo una inversión de lujo!
Nueva York también se comía
No todo era ropa y metal; Nueva York también sabía a gloria. Recuerdo con gran cariño las cenas en Mamma Leone’s, cerca de Times Square. Era un festín italiano donde las porciones eran tan grandes como la ciudad misma. Entre estatuas y risas, devorábamos aquellos platos de pasta que parecían no tener fin.


Pero también estaban esos pequeños rincones en las calles cercanas donde te preparaban un steak riquísimo al momento. No había mesas; pedías tu carne, te ibas a una esquina y disfrutabas del sabor de la calle mientras el mundo pasaba a tu lado. Era la energía pura de Manhattan en cada bocado.

Un Momento para la Historia
Cierro este recuerdo con una imagen que guardo con celo: un paseo por Central Park con mi madre.


Mi madre y yo en Central Park, rodeados por la inmensidad de Nueva York. Un momento de paz antes de otra tarde de música en el Bronx. Al lado derecho, foto del antiguo Teatro Puerto Rico en la calle #138 en el Bronx.
A veces, lo que hoy nos parece una simple “estatuita” es en realidad un pedazo de nuestra propia historia esperando ser redescubierto.
¿Y ustedes? ¿Qué tesoros de sus viajes de juventud terminaron en el olvido? ¡Hablemos en los comentarios!

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