
Una de las cosas que más disfruto —además del sagrado arte de no hacer nada— es estrenar ropa. Para mí, ponerme una prenda nueva es como un ibuprofeno que me calma el dolor del tobillo izquierdo, o como ese primer café descafeinado de la mañana, cargadito y bien filtrado, que me termina de espabilar. Algo así de reparador.
Ustedes dirán: “Contra… este Tele tiene más historias que una librería”. Y tienen razón. Todas las anécdotas que comparto aquí son totalmente verdaderas. Claro, a veces les hago un pequeño ajuste de sintonía, similar al que le hago a mi FTDX10 (SDR), y les añado “rellenos autobiográficos” para que tengan mejor recepción y sean un chispitín más interesantes. Algunos lo llaman “licencia poética”, aunque de poeta yo no tenga ni un chinchín.
Pero vamos a la narración de la Camisa XXX.
Compré una camisa rojo cardenal, manga larga, con el logo del jugador de polo. Un sábado, decidí salir a “hacer propaganda” y me fui a un centro comercial muy concurrido a ver a los valientes que patinaban sobre hielo. Estaba yo allí, apoyado en la baranda, monitoreando la frecuencia del lugar, cuando se me acerca un “joven” de mi misma quinta —posiblemente unos 38 años de edad—.
Tras comentar un poco sobre los que patinaban con elegancia y los que se “esgolizaban” (se daban sus buenos golpes), el hombre me dice con mucha propiedad:
—Admiro su gusto para vestir. Esa camisa es elegantísima; de hecho, compré una igual en la misma tienda hace poco.
Yo inflé el pecho, agradecido. Pero entonces lanzó la pregunta de los cien mil dólares:
—¿Dónde puedo comprar una que sea exactamente como esa?
Yo, un poco confundido por la redundancia, le dije: —¿Pero no me acaba de decir que la suya es idéntica?
—Bueno —contestó él muy cortésmente—, es el mismo color y el mismo logo… pero la suya tiene un accesorio que la mía no trajo.
Ya para ese momento yo me sentía con la antena Yagi monobanda a 100 pies de altura, pensando que llevaba una edición limitada y exclusiva. Le pregunté: —¿Y qué detalle es ese?
—La suya tiene esa llamativa banda plástica transparente que le cruza toda la espalda y que anuncia en letras grandes: XXX.
¡Fin de la historia! No les cuento más porque el “calentamiento de válvulas” que sentí en el rostro me duró casi una semana. Mi nivel de bochorno entró con una señal de S9+30 dB; me escucharon fuerte y claro en todas las bandas. Errores sutiles de nosotros, los jóvenes de 38.
Nota del autor: Solo para aclarar y evitar cualquier “interferencia”: la banda XXX se refiere estrictamente a la talla de la camisa (Extra Extra Large). ¡Nada de contenido restringido, solo un exceso de tela y un poquito de despiste!
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