
En mis años en la industria, siempre iniciaba mis charlas de Seguridad y Salud Ocupacional (HSE) con una pregunta retórica a los nuevos grupos: “¿Cuál es el único trabajo que tenemos la certeza absoluta de que será libre de accidentes?”
Tras escuchar un sinfín de teorías y procedimientos complejos, yo les daba la respuesta más sencilla del mundo: “El trabajo más seguro es aquel que no se hace.”
Esta reflexión es el punto de partida esencial para entender la gestión de riesgos. Dado que “no hacer el trabajo” no es una opción viable en una economía productiva, nos queda una única alternativa real: la Prevención Activa.
Esta premisa es universal, y aplica tanto en una planta química como en un set de filmación de Hollywood. Ver tragedias en la industria del cine me lleva a reflexionar sobre cómo, incluso en entornos altamente coreografiados y controlados, las barreras de seguridad pueden fallar de forma catastrófica.
La Inevitabilidad de la “Ley de Murphy” y la Gestión de Riesgos
A menudo, las investigaciones de accidentes se enfocan en encontrar un “chivo expiatorio” o culpar a una negligencia individual. Sin embargo, como profesionales de la seguridad, sabemos que la Ley de Murphy —”Si algo puede salir mal, saldrá mal”— es un factor constante que acecha en cada rincón.
El verdadero reto técnico de la prevención no es simplemente esperar que la gente siga las reglas, sino diseñar sistemas redundantes que asuman que la Ley de Murphy intentará colarse en el momento menos pensado. La complacencia y la falta de “preocupación crónica” por los fallos son los mayores enemigos de una cultura de seguridad sólida.
Un Análisis Técnico de Barreras que Fallaron en el Cine
Analizar estos casos desde afuera presenta desafíos obvios. Como investigadores, sabemos que para llegar a la raíz es crucial la revisión de permisos de trabajo, auditorías de Mantenimiento Preventivo (PM), y entrevistas estructuradas para detectar inconsistencias. Sin embargo, basándonos en los informes oficiales, podemos identificar fallos críticos en las barreras de defensa.
Tomemos tres casos para ilustrar conceptos clave de seguridad industrial:
- Fallo de Comunicación y Coordinación (Twilight Zone, 1982):
- El Accidente: La caída de un helicóptero sobre el actor Vic Morrow y dos niños actores debido a detonaciones pirotécnicas.
- Análisis Técnico: Este caso demuestra un fallo masivo en la gestión de interfaces y la comunicación. En seguridad industrial, si la “mano derecha” (pirotecnia) no sabe lo que está haciendo la “mano izquierda” (el piloto del helicóptero), el desastre es inminente. La falta de un análisis de riesgos exhaustivo para operaciones simultáneas (SIMOPS) y una supervisión ineficaz fueron factores clave.
- Fallo en el Control de Calidad y Mantenimiento de Equipos (The Crow, 1993):
- El Accidente: La muerte de Brandon Lee por un disparo de una pistola de utilería que contenía un proyectil real.
- Análisis Técnico: Este accidente es un ejemplo claro de un fallo en el aseguramiento de la calidad (QA/QC) y la inspección de equipos críticos. Una punta de bala real se quedó atascada en el cañón de una escena previa. La barrera de “inspección final” antes de entrar al set falló catastróficamente. En cualquier industria, si el equipo crítico no se revisa antes de cada operación de alto riesgo, el resultado puede ser mortal.
- Fallo en la Cultura de Seguridad y los Procedimientos Estándar (Rust, 2021):
- El Accidente: El disparo fatal de la directora de fotografía Halyna Hutchins con una pistola de utilería cargada con una bala real.
- Análisis Técnico: Este caso resalta el concepto de la Cultura de Seguridad sobre el procedimiento. Se violaron protocolos fundamentales: la armera no estaba presente, el asistente de dirección entregó el arma y, crucialmente, una bala real llegó al set. Cuando la prisa por la producción prevalece sobre los procedimientos estándar de seguridad (SOPs), la complacencia se convierte en el peligro más crítico. La seguridad no puede ser un “opcional” dependiendo del presupuesto o el tiempo.
Conclusión y Reflexión Profesional
Ya sea que estemos operando una estación de radio, gestionando una refinería o filmando una escena de acción, la prevención no es un estorbo burocrático, sino el motor fundamental que permite que todos los involucrados regresen a casa sanos y salvos al final del día.
Como profesionales en la gestión de riesgos, nuestro trabajo no es simplemente cumplir con la norma, sino anticipar activamente el caos, combatir la complacencia y construir sistemas resilientes que puedan soportar incluso la trastada de nuestro viejo amigo “Murphy”. La suerte no es un plan de seguridad viable.
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