El Enigma de Jr. F. en la Ponce High School: El Informe de Doña María

📻 Crónicas de un “Tremendito”: El Enigma de Jr. F.:

Doña María observaba a su hijo, Jr F , un joven elegante de 23 años, mientras compartían un mantecado en el food court. La paz terminó cuando tres chicas divisaron al caballero. Una de ellas, con la duda en el rostro, se acercó:

…”¿Jr. F? ¿Eres tú o me falla la memoria?”…”¡ E. M.! ¡Qué alegría verte!”, respondió él con la rapidez de quien domina la frecuencia.

La joven llamó al resto del grupo: “¿Recuerdan a Jr. F de la superior?”. La respuesta fue unánime y cargada de misterio: “¿Y quién podría olvidarlo? Fue leyenda. Era… tremendito“.

Las chicas se marcharon entre risas, dejando a Doña María sumergida en un mar de dudas. ¿”Tremendito” por santo o por travieso? La balanza se inclinaba hacia lo segundo, pero el brillo en los ojos de su hijo era innegable.

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Doña María rebobinó la cinta de sus recuerdos. Aquella época en la que Jr. F dejó de ser un niño para convertirse en un enigma:

  • El Ritual del Galán: De pronto, el joven no salía del baño. El aroma a perfume y desodorante era tan fuerte que se sentía a dos bloques de distancia. El peine era su extensión natural, y el espejo su mejor amigo.
  • El Teléfono “Incendiado”: En tiempos donde el cable mandaba, el teléfono de la casa pedía auxilio. Voces femeninas preguntaban por él a toda hora. Doña María era la operadora de un club de fans que no terminaba de entender.
  • El Glosario del Misterio: Jr. hablaba de “escapadas” con una felicidad sospechosa. “Pero si no estás preso, hijo”, pensaba ella. Mencionaba el “Study Halll” como si fuera un refugio sagrado, y las costillas de “La Cabaña del Tío Tom” como el manjar de los dioses.
  • La Geografía del Pecado: Que si el sótano de la escuela, que si la azotea, que si los leones de la fuente en la Plaza Las Delicias. Y para cerrar la noche, bailes clandestinos en Under the Trees o en el Bahía.

Doña María lo miraba desde su esquina, admirando esa alegría desbordante, pero con el corazón en un hilo. “Este muchacho está seriamente enamorado… o nos tiene a todas engañadas”, concluía ella con un suspiro dramático.

Al final, Jr. F no era solo un estudiante; era una leyenda que se movía entre sándwiches de la Cafetería Lagares y obras en el Teatro Broadway, viviendo la vida en Alta Fidelidad.


Nota del Editor: ¿Y usted, colega? ¿Era de los que “estudiaba” en el Study Hall o de los que se perdía viendo los leones en la plaza? El “tremendismo” no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Mencionaba lugares con nombres enigmáticos: el “Study Hall”, las reuniones en sótanos o azoteas, y sus visitas a la Plaza Las Delicias para ver tigres en la fuente. Su mejor confidente no era un profesor, sino un señor de cabello blanco que vendía piraguas en la esquina.

Doña María nunca preguntó de más, pero al verlo sonreír recordando sus noches en Under the Trees o sus bailes en El Bahía, llegaba a una sola conclusión: su hijo estaba seriamente enamorado de la vida (y quizás de alguien más).


Segunda Nota del Editor: > Y ustedes, colegas de la vieja guardia… ¿cuál fue su frecuencia más feliz en la escuela? ¿Fueron “tremendos” o simplemente “tremenditos”?

Cualquier semejanza con la realidad es pura interferencia en la señal.

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