
EL CAMIONCITO DE JUNIOR
Junior vivía con su padre en una casucha de un barrio extremadamente humilde y peligroso de la gran ciudad. A sus cortos 7 años, poseía la madurez y el temple de un hombre de veinte. Su padre, Don Foro, luchaba día tras día buscando trabajos eventuales de jardinería o limpieza para sustentar a su hijo y a su fiel perro, “Porky”.
Había días en que la suerte no acompañaba; entonces, Don Foro pedía limosna o buscaba sobras en los zafacones de los restaurantes. Ese era, muchas veces, el único plato sobre la mesa de la casucha, siempre asegurándose de conseguir algún hueso con carne para Porky. Así transcurría la vida de nuestro protagonista.
Al terminar la época navideña, a mediados de enero, Junior sintió la necesidad de agradecer a Santa Claus y a los Reyes Magos. Pensó para sí: “Como Santa y los Reyes deben estar extenuados, les enviaré el mensaje a través de mi padre”.
Lo cierto es que Junior jamás había recibido regalos. Su Navidad consistía en observar de lejos la alegría de otros niños. Pero este año fue distinto. Semanas antes, Don Foro, buscando entre los desechos de la ciudad, divisó en el fondo de un zafacón un camioncito de plástico amarillo. Estaba maltratado y le faltaban las ruedas delanteras. Aun así, lo rescató, lo limpió con esmero y lo envolvió en un papel de regalo que encontró en la calle. El día de Navidad, lo colocó sobre la rústica mesa.
La alegría de Junior al despertar fue inmensa. Era su primer regalo. Jugó con él durante toda la temporada sin mencionar jamás que al camión le faltaban piezas. Esa conformidad silenciosa caló hondo en el corazón de Don Foro, quien se propuso subsanar el detalle.
Tras una búsqueda incansable, Don Foro encontró entre la basura otro camión destruido, pero que conservaba las ruedas frontales. Aunque eran de otro color, se las llevó a escondidas y comprobó que encajaban perfectamente. “Este será el regalo de Reyes”, se dijo emocionado.
Cuando llegó el día, Junior celebró en grande. La emoción desbordaba su pequeño corazón. Fue entonces cuando decidió dictar su mensaje de gratitud:
“Gracias por mi primer regalo de Navidad. Me han hecho muy feliz. Acepté el camioncito tal y como llegó, sin importarme si traía ruedas delanteras o no. Sé que tienen mucho trabajo llevando regalos a todos los niños del mundo y que eso cuesta esfuerzo y dinero. Prefiero este que recibí; quizás estaban agotados, se les cayó al piso y se quebró, pero no importa. Yo lo recibo con mucha alegría. Y a los Reyes Magos, gracias por ese detalle que debe haber aliviado a Santa después del accidente donde se quebró mi camión”.
Al terminar, miró a su padre y le dijo: “Papi, asegúrate de que este mensaje les llegue íntegro a Santa y a los Reyes. ¡Los quiero mucho!”.
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