
La historia que les compartí sobre Doña Andreína y el perro que se tragó su auricular tiene un “delta” de parecido con algo personal que me inquieta, aunque sin llegar al extremo. Por cierto, a Doña Macaria (hija mayor de Doña Andreína y sobrina de Doña Pancracia) le entiendo perfectamente cuando me habla. Sin embargo, a Cayetana —sobrina de la familia Severiana— no le entiendo casi nada.
Suelo decir, en broma, que tengo una condición auditiva muy común: escucho solo lo que me conviene. Pero la realidad es otra. En muchas ocasiones escucho a las personas con buen volumen, pero sin claridad.
La explicación técnica (en breve)
Para quienes conocen el concepto de la onda senoidal, esto les resultará familiar. En acústica, el sonido se desplaza como una onda. El volumen (amplitud) es la altura de esa onda, mientras que la frecuencia es qué tan rápido se repite ese ciclo (medido en Hertz o Hz).
En mi caso, el problema no es de intensidad, sino de frecuencia. Una onda senoidal de alta frecuencia (sonidos agudos o high pitch) se repite muchas veces por segundo. Mi oído medio parece tener dificultades para procesar esas ondas rápidas, lo que causa que el sonido se distorsione.
Por eso, mientras más aguda es la voz de una persona, más me cuesta entenderla; la escucho fuerte, pero “borrosa”. En cambio, las voces de tono natural, pausadas o de baja frecuencia (tonos más graves), las percibo con total nitidez.
Un dato curioso
Me sucede algo particular con los ruidos graves de fondo. Cuando encienden el microondas, ese zumbido de baja frecuencia lo percibo como si lo tuviera al lado. Como decimos en el mundo de la radio: lo recibo “loud and clear, sin QSB y con un reporte de 59/9”.
Cuidado con Versace
En casa tenemos un perrito de raza (o de “marca”) Maltipoo llamado Versace. Tengo que ser extremadamente cuidadoso al quitarme los auriculares, porque es una verdadera bala para capturar cualquier cosa que caiga al suelo.
Mi gran temor es que, en un descuido, se trague uno. Si eso pasa, me verán caminando con Versace pegado a mi oreja derecha, tal como el perro de Doña Andy. ¡Espero que no lleguemos a tanto!
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