El Arte de Atesorar: Entre Llaves de Morse y Muñecas de Porcelana- Un homeanje a Elvia y su legado de “querendonas”

Introduccion

Desconozco las estadísticas exactas de qué porcentaje de la población siente ese impulso de coleccionar. Cualquier objeto sirve: basta con que sea raro, antiguo o que simplemente nos dispare un recuerdo feliz para que comencemos lo que algunos llaman “acaparamiento” y nosotros, con más elegancia, llamamos coleccionar.

¿Qué es, en realidad, coleccionar?

Técnicamente, es la organización de objetos bajo un criterio específico, pero en la práctica es mucho más. Es una forma de detener el tiempo. Al coleccionar, añadimos una “misión” a nuestros paseos y viajes. El itinerario ya no solo dice “ver museos”, sino que incluye una nota al margen: “buscar abanicos de piel” o “encontrar esa llave de telegrafía única”.

A veces, esa búsqueda consume una tercera parte del viaje, y aunque sacrifiquemos otros lugares de interés, la satisfacción de hallar la “pieza perdida” no tiene comparación. Lo hacemos por la emoción de la caza, por la conexión con la historia y, sobre todo, por el sentido de pertenencia que nos dan esos objetos.

Las “Chicas” de Elvia: Un Legado de Porcelana

Mi esposa Elvia fue una gran campeona en este arte. Su pasión eran las muñecas, especialmente las de porcelana y marcas de prestigio como American Girl. Eran verdaderas obras de arte, con un porte profesional y una calidad que justificaba cada centavo.

En la sala de nuestro hogar, un enorme escaparate de cristal custodiaba a sus “querendonas”. Allí reinaban Pepo y Jimena, una pareja humilde e introvertida que prefería la paz de su vitrina. Pero la que se robaba el show era “La Mangansona”.

  • La Mangansona: Alta, fornida y vestida a la última moda. Estaba estratégicamente ubicada en una esquina de la sala, frente a la puerta. Tenía una cara algo recia, pero irradiaba una ternura tal que los visitantes preguntaban por ella antes que por la familia si no la veían en su sitio.
  • El destino de la colección: Tras la partida de Elvia, decidí que estas piezas debían seguir contando historias. Alrededor de cincuenta de ellas fueron donadas a un museo aquí en Houston, donde un grupo de elegantes “doñitas” las exhiben con orgullo.

Sin embargo, el patriotismo de La Mangansona fue más grande que su tamaño: prefirió quedarse en Puerto Rico con su tía preferida, Vickey. Por su parte, Pepo y Jimena siguen conmigo, viviendo “sin pagar renta” y recordándome cada día la suerte que tuve de tener a una esposa tan especial.

Una Esposa Especial

Si me preguntas qué define a una gran compañera, te contaré esto: cuando viajábamos a EE. UU. y ella notaba que yo no mencionaba mis llaves de radio, se detenía y me decía: “¿Telesforo?, ¿no vas a ir a Amateur Electronic Supply a ver o comprar algo?”.

Eso, mis amigos, es ser una esposa excepcional. Apoyar mi hobby sin chistar, celebrando que cada uno tuviera su pequeño mundo de tesoros. Hoy extraño a esa gran madre, gran esposa y gran coleccionista de una manera enorme. Ojalá, cuando visite a “las chicas” en el museo o viaje a ver a La Mangansona a la isla, todavía me recuerden. Porque yo, desde luego, no las olvido.

“Mi rincón de telegrafía. Gracias a la generosidad de Elvia, que siempre me preguntaba: ‘¿Telesforo, no vas a comprar nada para tu radio?’, nunca faltó una pieza nueva en mi colección.”

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