¿Retirados o “Retirados de la Reality”?

Mucho se habla de que pasar de los cincuenta es la “edad de oro”. Que si la candidez, que si ahora nos toca recoger los frutos… suena de show en el papel, ¿verdad? Pero vamos a soltar el micrófono un momento y hablar en “arroz y habichuelas”: a veces, la teoría no cuadra con la práctica.

Muchos llegamos aquí pensando que tenemos el control, pero nos estrellamos con dos muros que nosotros mismos levantamos: el “Hago lo que me da la gana” y el “Paternalismo Crónico”.

El Paternalismo vs. El Amor de Padre

Aquí es donde muchos se confunden. Alguien me dijo una vez algo que llevo grabado: “Yo te dije que no tengo remedio, mis hijos son mi debilidad. Yo soy un padre enfermo de amor por ellos y lo único que sueño cada noche, es que estén sanos y muy felices y de tener la oportunidad de estar cerca o accesible para abrazarlos, mimarlos, llenarlos de besos. Mis hijos cerca de mi o no, siguen siendo mis hijos. Son mis hijos, mis bebés, mis pequeños”.

Eso no es ser paternalista; eso es ser un padre en todo el sentido de la palabra. El peligro está en confundir ese amor con dejarse pisotear. Se puede ser un roble que ama con locura, pero que también sabe decir: “Te amo, pero esto no te lo permito”.

El Roble no se dobla por cortesía

Poner un límite y decir “esto no te lo permito” da un trabajo emocional del carajo. Pero recuerda: el que te falta al respeto y al otro día actúa como si nada, no te está respetando, te está midiendo el aceite. Nos ven como robles. Pues vamos a actuar como tal. Sé paternalista lo justo, pero mantén la corteza dura contra los vientos que intentan quebrarte.

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